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Niños en la era de la IA: habilidades clave y cómo elegir un curso adecuado

Antes de elegir un curso de IA o ciberseguridad para un niño, conviene decidir qué debería aprender a hacer solo. Guía para familias en Israel sobre comprobación de respuestas, privacidad, aprendizaje por edades y preguntas antes de matricularse.

Ilustración de niños y una adulta alrededor de una mesa con símbolos de verificación, código y un escudo con candado
Ilustración conceptual sobre aprendizaje de IA y seguridad digital. No muestra una clase real ni instalaciones de Israel Cyber Campus.

La diferencia se ve en las pequeñas decisiones

La habilidad que conviene desarrollar en los niños en la era de la inteligencia artificial es comprender qué hace una herramienta, comprobar su resultado y decidir cuándo utilizarlo. Conocer aplicaciones puede ayudar, pero no basta. Un niño que elabora una presentación vistosa debe poder explicar su idea principal y detectar un dato incorrecto. Para las familias de Israel, ese es un punto de partida más útil que preguntar quién se ha apuntado ya a un curso.

Imaginemos a 2 alumnos que reciben el mismo trabajo sobre el sistema solar. Uno copia una respuesta convincente de un chatbot. El otro pide una explicación, la compara con el libro de texto y descubre una frase que necesita corregirse. La diferencia en este ejemplo es un hábito que se puede aprender: separar recibir una respuesta de entenderla. Quien empieza ahora también puede practicarlo, sin un ordenador caro ni la promesa de una carrera tecnológica.

De ahí surge una forma útil de elegir formación en IA: buscar actividades en las que el niño pregunte, pruebe, compruebe y mejore. El número de herramientas que figuran en el temario importa menos que poder mostrar qué ha aprendido a hacer por sí mismo. Un niño que prefiera dibujar, los cuentos o los juegos también puede empezar por algo que le interese, en lugar de seguir una trayectoria profesional decidida de antemano.

Cómo comprobar una respuesta que suena segura

Un modelo de lenguaje se puede explicar de forma sencilla: genera texto a partir de patrones aprendidos durante su entrenamiento y del contexto que recibe. Algunas herramientas también pueden buscar información, pero una redacción fluida no demuestra que sea correcta. Incluso cuando la respuesta incluye una fuente, hay que comprobar que existe y que respalda realmente la afirmación. Son fundamentos de la alfabetización en IA, no conocimientos reservados a programadores.

Un ejercicio útil consiste en elegir una afirmación factual de la respuesta y acudir a una fuente adecuada, como un libro de texto o la web de un museo de ciencias. Se lee el pasaje pertinente, se comprueba a quién o a qué se refiere y se busca la fecha si la información cambia con el tiempo. Pedir al chatbot que vuelva a escribir no es una comprobación independiente. Que 2 herramientas coincidan tampoco basta, pues ambas pueden basarse en información similar.

Además de comprobar las respuestas de IA, conviene practicar cómo plantear una tarea: explicar qué se quiere entender, qué información se tiene y qué falta. En vez de pedir un trabajo terminado, se puede solicitar una pista o la explicación de un paso que no se ha entendido. Después se cierra la herramienta y se intenta explicarlo sin ayuda. Si la explicación se atasca, habremos localizado lo que hay que aprender, no solo lo que hay que reformular.

La seguridad forma parte de la misma habilidad

Antes de subir un archivo o una imagen, hay que preguntarse qué información se comparte y con quién. Para practicar se pueden inventar nombres y datos, en lugar de introducir una dirección, un carné de estudiante, una conversación privada o la foto de un amigo. Incluso una captura de pantalla aparentemente inocente puede incluir el nombre del colegio o datos de una cuenta. El objetivo es acostumbrar a los niños a revisar la información antes de enviarla, en vez de limitarse a una prohibición general difícil de aplicar.

Esta forma de pensar también ayuda ante un mensaje que promete un premio en un juego o exige iniciar sesión urgentemente. Se hace una pausa, no se comparte ninguna contraseña ni código de verificación y se comprueba mediante una aplicación conocida o con un adulto de confianza. El texto o la imagen por sí solos no autentican al remitente. Si ya se ha pulsado un enlace o se han compartido datos, se pide ayuda y se protege la cuenta; no hace falta ocultar el error.

La creación también tiene límites: no se utiliza la cara ni la voz de otra persona para suplantarla o avergonzarla. Los ejercicios de ciberseguridad se realizan únicamente en un entorno autorizado expresamente por el docente. La curiosidad técnica no da permiso para poner a prueba las cuentas de amigos. Un curso adecuado debe enseñar estos límites dentro de las actividades, junto con las destrezas técnicas.

Adaptar el aprendizaje a la edad y la curiosidad

La siguiente distribución por edades es una propuesta de actividades, no un estándar de desarrollo. Los niños de la misma edad difieren en experiencia, capacidad lectora, paciencia e intereses. Antes de utilizar cualquier servicio, hay que revisar sus condiciones de edad y consentimiento y la supervisión que exige. Participar en un curso no anula esas condiciones, y la presencia de un progenitor no convierte por sí sola cualquier herramienta en adecuada para niños.

Entre los 9 y los 13 años se puede empezar clasificando ejemplos, encontrando un error en un cuento, construyendo una secuencia de instrucciones o con programación visual. Por ejemplo, se agrupan tarjetas de animales según una característica y después se observa qué ocurre cuando un nuevo ejemplo no encaja. La actividad permite hablar de datos y de los límites de una regla sin siquiera abrir una cuenta en un servicio de IA.

Entre los 12 y los 16 años se puede profundizar en un proyecto pequeño: crear un cuestionario, probar respuestas a una pregunta formulada de distintas maneras o trabajar con datos inventados. Se pide al alumnado que documente qué ha probado, qué error ha encontrado y qué ha cambiado a raíz de ello. La programación básica permite comprobar instrucciones en la práctica, pero no hace falta empezar con un gran proyecto o una herramienta compleja.

En ambos casos conviene ajustar el reto a la capacidad de explicar el trabajo. Un niño que muestra un resultado bonito pero no entiende cómo se ha hecho necesita bajar el ritmo y recibir orientación. Quien explica un error y propone una corrección ya demuestra algo importante: un proceso de pensamiento sobre el que se puede seguir construyendo.

Qué pedir que enseñen en un curso

Antes de elegir un curso de IA para niños o de ciberseguridad para adolescentes, pedid un ejemplo de una tarea completa y de los comentarios que recibe un alumno. Un vídeo de demostración puede mostrar un resultado espectacular; una tarea con correcciones muestra cómo se espera que aprendan. En la conversación para valorar si el curso encaja, conviene plantear estas preguntas y pedir respuestas claras:

  • ¿Para quién es adecuado el grupo? Preguntad por la edad, los conocimientos previos, el nivel de lectura y de inglés, el tamaño del grupo y la ayuda a quienes tienen dificultades.
  • ¿Quién imparte las clases? Preguntad por su experiencia enseñando a niños, las oportunidades para hacer preguntas y los comentarios individuales, además de su trayectoria profesional en la materia.
  • ¿Qué hace el alumno por sí mismo? Pedid que expliquen cómo enseñan a comprobar hechos, detectar errores y mejorar un resultado, además de familiarizarse con las herramientas.
  • ¿Cómo se protege la privacidad? Averiguad qué cuentas se abren, quién las autoriza, si se graban las sesiones y quién accede a las grabaciones y a los trabajos.
  • ¿Qué incluye el compromiso? Solicitad por escrito el precio total, las suscripciones adicionales, el equipo necesario, la duración de las sesiones, las recuperaciones y las condiciones de cancelación.
  • ¿Cómo se define el éxito? Preguntad si al finalizar hay un proyecto y una valoración, y qué acredita exactamente el certificado. Un título llamativo no sustituye una capacidad demostrada.

En una clase en línea conviene comprobar también cómo detecta el docente que un niño se ha atascado y qué ocurre si falla la conexión. El trabajo autónomo puede ser útil, pero debe ajustarse al tiempo y al apoyo disponibles en casa. Un horario viable forma parte de la adecuación del curso, no es un detalle menor para después de matricularse.

Una opción en Israel y qué aclarar con ella

Una de las opciones para las familias en Israel es Israel Cyber Campus, que presenta cursos de IA y ciberseguridad para niños y adolescentes. Según su web, el programa de IA infantil se dirige a edades de 9 a 13 años y el de adolescentes, de 12 a 16. Las páginas describen aprendizaje en línea mediante Zoom, comprensión de la tecnología y uso responsable. Son programas para aprender en hebreo en Israel; la traducción de este artículo no indica que se impartan en otros idiomas.

El campus también anuncia un certificado de finalización en sus programas de IA, y la página del programa adolescente lo condiciona a superar la formación. Por separado aparecen programas de ciberseguridad para niños y estudiantes de secundaria. La página infantil de ciberseguridad indica edades de 8 a 13 años, mientras que otras publicaciones de la web muestran intervalos distintos. Por ello, es importante confirmar la edad del grupo y el programa concreto durante la conversación de orientación, sin deducir de un encabezado general que todas las propuestas son iguales.

Estos son los detalles de la oferta tal como los presenta el campus, no una promesa de resultados individuales. Pedid un temario actualizado y confirmación del formato, el idioma de enseñanza, el coste y los requisitos de la convocatoria elegida. La decisión debe basarse en la adecuación al niño y en la calidad de la práctica y de los comentarios, no en la mera existencia de un certificado.

Un ejercicio para empezar en casa

Elegid juntos un tema que el niño conozca y pedidle que formule una pregunta pequeña. Si utilizáis una herramienta de IA adecuada y conforme a sus condiciones, leed juntos la respuesta y señalad una afirmación que haya que comprobar. También se puede utilizar un texto preparado previamente por el progenitor, sin un servicio en línea. El objetivo es practicar el criterio propio, por lo que la herramienta no es un requisito para participar.

Al terminar, pedid una explicación breve: qué quería saber, cómo lo he comprobado y qué he cambiado. Guardad también la primera versión para ver el recorrido, no solo el resultado. Esta conversación puede revelar si al niño le gusta buscar, construir, crear o resolver fallos, y ayudar a elegir el siguiente paso.

No todos los niños necesitan el mismo curso, ni lo necesitan en el mismo momento. Se puede avanzar en casa, en el colegio o en una actividad extraescolar adecuada. La medida útil es una capacidad creciente para comprender, comprobar y actuar con responsabilidad, dejando espacio para la curiosidad, los amigos y otros intereses.

Este artículo ha sido escrito y enviado para su publicación por un tercero y no es contenido editorial de AI24.